DOS INVIERNOS
A veces la vida nos pone delante una oportunidad, donde tenemos que escoger sabiamente y pensar en todos los pros y contras que nos ofrece. Incluso cuando es en pareja, tenemos que sopesar juntos, si esa oportunidad vale la pena y va a ser lo mejor para los dos. En muchas ocasiones, todo sale bien y los dos disfrutan después de la elección que tomaron los dos en ese momento. Pero en cambio otras veces, la cosa no sale tan bien...
POR ESO ESCRIBÍ...
DOS INVIERNOS
A veces la vida,
te pone un señuelo,
como cuando Dios,
le llena de mocos,
al que no tiene pañuelo
y la vida les puso delante,
lo que parecía un caramelo...
Una pareja joven,
llena de proyectos y sueños,
tendrían una casa grande,
llena de niños pequeños,
ella abogada, él contable,
pensaban tanto en ello,
que nunca pensaron,
que ocurriría lo impensable...
Una oferta de trabajo,
aunque le pillaba lejos,
viajaremos para encontrarnos
y luego estaremos juntos,
solo será un par de inviernos,
y llegaremos a viejos,
y nos haremos eternos...
Antes de ella partir,
se comieron a besos,
apasionados y tiernos,
solo será un par de inviernos,
muy pronto le prometió,
cuando nos queramos dar cuenta,
ya volveremos a vernos...
Se escribieron muchas cartas,
los tres primeros meses,
se querían más que nadie,
de quien quería más a quién,
hasta se hacían apuestas,
y de repente una vez,
nunca más hubo respuesta...
Solo serian dos inviernos,
y pasó el tercero y el cuarto,
se fueron haciendo más largos,
el quinto y el sexto,
él seguía allí esperando,
no perdía la esperanza,
aunque ya no había pretexto...
Poco a poco,
lo fue perdiendo todo,
su trabajo acomodado,
su piso recién amueblado,
vendió el reloj que llevaba,
el nombre de ella grabado,
Iba hacia abajo, caía en picado...
Un banco de la estación,
comenzó a ser su refugio,
donde aliviar su garganta,
a veces llora mientras canta,
cantando la misma canción,
con la que se conocieron,
acurrucado bajo su manta...
Comenzó a ser conocido,
por floristas y estanqueras,
ya hambriento y desnutrido,
hurgaba en la papeleras,
ese viaje de ida,
sin ver el regreso de ella,
le empujó hacia la bebida...
Cada tren que llegaba,
le despertaba del letargo,
para otro trago amargo,
como un perro meneando el rabo,
comenzó a mirar inquieto,
bajaban soldados, un regimiento,
un capitán y hasta un cabo...
Esos dos inviernos,
se convirtieron en treinta,
y al final se fue la vida,
con sus idas y venidas,
con gente que llegaba,
y con gente que se iba,
hasta que un maldito día...
La vio bajar de repente,
de la mano de un señor,
ya era mayor pero apuesto,
llevaba ella un abrigo bueno,
bolso y zapatos a juego,
corte de pelo moderno,
iban a ser dos inviernos...
Unos niños pequeños,
se agarraban de su mano,
y paseaban tan contentos,
la llamaron abuela,
se le partió el corazón,
al reconocer su voz,
y saber que eran sus nietos...
Sus miradas se cruzaron,
cuando se reconocieron,
ella miró con vergüenza,
él tiró de crudo orgullo,
y le mostró indiferencia,
le había puesto los cuernos,
antes del segundo invierno.
Al día siguiente en el banco,
ya no le oyeron cantando,
le descubrió en la mañana,
la señora del estanco,
esa noche decidió,
marchar destino al infierno,
esa noche decidió,
QUE NO HABRÍA MÁS INVIERNOS.
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