NI UNA GOTA
Y de repente, la desgracia se ceba con una población. Los cielos se abren y el agua destruye todo a su paso. Todo queda destrozado, no sólo las casas y lo material, sino las personas y sus vidas... Ni siquiera hay tiempo de llorar, porque hay que intentar reconstruir todo lo más rápido posible ante la amenaza de nuevas lluvias. Y a toda esa catástrofe se le suma una vez más la poca categoría humana y moral de la clase política de este país... POR ESO ESCRIBÍ... NI UNA GOTA Fueron horas interminables, se abrieron las puertas del cielo, rompiendo sus engranajes, el agua cayó a raudales, anegando sus casas, inundando sus garajes... El agua descontrolada, símbolo de vida otras veces, ésta vez fue diferente, no trajo la misma suerte, tan deseada en sequías, esa vez solo fue muerte... Muebles, enseres, cacharros, juguetes y cosas nuevas, que de repente se hicieron viejas, al paso salvaje del agua, que deja calles arrasadas y tantas almas agarradas a unas rejas... Y mientras el gris plomizo, ...