ESE ÚLTIMO CAFÉ

 Si queremos cuidar nuestra relación de pareja, tenemos que saber interpretar las señales que nos manda. A veces, callan, a veces no expresan los sentimientos por evitar una discusión, pero las cosas se pueden ir acumulando en silencio, hasta que ya es demasiado tarde y de repente, todo se acaba, en lo que creíamos que iba a ser un café más. Ese café se convierte en un ÚLTIMO CAFÉ...


POR ESO ESCRIBÍ...


ESE ÚLTIMO CAFÉ


Llegó como siempre,

tarde, alegre y sonriente,

ella esperaba sentada,

con una mezcla de mirada,

a veces herida y a veces hiriente...



Pidió un café doble,

sólo, sin azúcar y muy caliente,

le dijo ¿ Qué tal, todo bien ?

ella pidió explicaciones,

¿ Dónde estuviste anoche ?

disimuló removiendo la cucharilla,

sin saber qué responder...



Tengo que reconocer,

que aunque nunca fui cotilla,

me podían las ganas de saber,

como le ajustaba las tuercas,

a ese menda, esa mujer...



Comenzaba a llover,

justo en ese momento,

caía fuerte en la calle,

se encharcaba el pavimento,

pero aún más fuerte caía,

en la mesita de adentro,

que era tormenta con truenos...



Sin importarle el qué dirán,

ella iba subiendo el tono,

y dándole leña al mono,

fuego incesante de reproches,

de que siempre estaba sola,

de todas aquellas noches,

en que él desaparecía,

y volvía al alba con unos churros,

mientras ella aún dormía...



Era un nuevo sorbo al café,

cuando ella preguntaba,

¿ dónde está ahora tu hombría ?

y él no quería responder,

solo la sacas en casa, 

cuando no hay nadie delante,

cuando me gritas tu hambre

y no tienes qué comer...



Pero no grites mujer,

que todos te van a oír,

que todos están mirando,

¡ qué van a pensar de mí !

es lo único que te importa,

le criticó la mujer,

nunca te he importado yo,

pero esto se acaba aquí...



Tienes todas tus cosas fuera,

no te falta nada,

lo tienes todo en la puerta,

ya me has matado bastante,

no vuelvo contigo ni muerta,

ya morí bastantes días,

llorando en la cama despierta...



En ese mismo momento,

un amigo entró y la reconoció,

la llamó y le tiró un beso,

ella le correspondió,

le dió un abrazo y sonrió,

le salió una voz alegre,

fue repentina la transformación...



Esa era la mujer,

la mujer que él recordaba,

de la que se enamoró,

la mujer que le dió todo,

y todo le perdonó,

la mujer que perdió el solo,

porque nunca mereció...



Ahora que se marchaba,

agarrada del brazo de aquel,

vió de nuevo a esa mujer,

alegre, radiante, contenta,

la mujer que una vez creyó en él

y él solito una vez tras otra,

le hizo perder la fe,

allí solo, sentado y hundido,

termino de beber amargo 

y ya frío, ESE ÚLTIMO CAFÉ.























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