SU ÚLTIMA FUNCIÓN

A veces no valoramos a los artistas en la medida que se merecen... los vemos sobre los escenarios, actuando, cantando, o haciendo lo que sea que hacen y nos hacen pensar, que siempre están bien, ahí, para nosotros, para que disfrutemos. Todos tenemos en nuestro recuerdo a algún payaso que de pequeños nos gustaba y nos hacía reír. Nunca hemos sido conscientes de que muchos de estos payasos y de éstos artistas podían estar pasando uno de los peores momentos de su vida, pero ahí estaban, siempre, para nosotros, contra viento y marea y a pesar de todas sus adversidades... AHÍ ESTABAN...

POR ESO ESCRIBÍ...




SU ÚLTIMA FUNCIÓN


Ésta la historia de un payaso,

que tan sólo era un payaso,

por dentro triste y gris,

por fuera alegre y pintado,

ese payaso que nos hacía reír,

enamorado de aquella chica,

la cual nunca le hizo caso,

nunca jamás se fijó en él,

si era tan sólo un payaso...


Nunca se atrevió a acercarse,

ni siquiera a pronunciarse,

ni a declararle su amor,

ella era una preciosa trapecista,

joven, guapa, pretendida,

una increíble equilibrista,

que hipnotizada al público,

que llenaba las tres pistas...


Era su número más famoso,

también el más arriesgado,

el alambre en lo más alto,

sin ninguna red abajo

y con los ojos tapados,

silencio absoluto en la grada,

y cuando ya terminaba,

un resbalón inoportuno,

se precipitó al vacío,

con los gritos del gentío...


Su pequeño cuerpo desarmado,

yacía inerte en la pista,

ya no parecía su cuerpo,

sino un puzzle descolocado,

barullo, gritos, alboroto,

sirenas, médicos, enfermeros,

rodeaban aquel cuerpo roto...


Ya nunca jamás aquel payaso,

volvió a ser el mismo,

dejo de comer, dejó de dormir,

dejó de vivir, ya no hacía reír,

se perdió en los vicios,

pastillas, drogas, alcohol,

se encerraba en los servicios,

de aquel mágico payaso,

que disfrutaban los niños,

no quedaba ni un indicio...


Destrozado y abatido

y bajo amenaza del jefe,

de su inminente despido,

regresó a su camerino,

obligado y aburrido,

esa noche haría reír,

con sus grandes zapatones,

y tirantes de colores,

con su sombrero de copa,

y su estrafalaria ropa...


No imaginaban que escondía,

bajo su alegre maquillaje,

un alma más que sombría,

que tan sólo planeaba,

aferrarse a su destino,

al lado de su amiga la botella,

y su amigo el vaso de vino...


Haciendo de tripas corazón,

y bajo efectos de todo aquello,

que nublaba su razón,

pintó de blanco su cara,

una lágrima en un ojo,

y los dos mofletes rojos,

esa máscara de colores,

no dejaba ver el fondo,

de alguien destruido y roto...


Sería su última vez,

lo tenía planeado,

tras los gritos y aplausos

todo se habría acabado,

era su última actuación,

su bajada de telón,

su descenso a los infiernos,

agarrado en el alcohol...


Cuando ya se retiraba,

con cabeza cabizbaja,

una niña se escapó,

de la mano de su padre,

y delante de él se plantó,

llevaba una flor en la mano,

dame un beso, por favor,

te quiero mucho, le dijo,

me encanta venir a verte,

me río mucho contigo

y la flor le regaló...


Y fue gracias a esa niña,

y como diría Nino Bravo,

a un beso y una flor,

vaya preciosa canción,

decidió que no sería esa noche,

lo que tan decidido tenía...

que iba a ser la que sería,

su última representación,

al menos no sería ese día,

y todo gracias a esa niña,

el día de  SU ÚLTIMA FUNCIÓN...


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