UN CABALLO EN EL BARRIO
Los que crecimos mayormente en los 80, presenciamos en muchos casos, el deterioro de nuestros barrios, y los dramas de muchas familias, con la llegada de la droga a nuestras calles... como si no hubiéramos aprendido nada, escucho que, últimamente se está registrando otra vez un gran aumento del consumo de heroína entre los jóvenes... es una de las peores lacras del siglo pasado y parece que quiere resurgir es este... POR ESO ESCRIBÍ...
UN CABALLO EN EL BARRIO
Fue ya hace,
mucho tiempo que ocurrió,
que se fue abriendo en las calles
de los barrios, una herida,
que fue aplastando, trotando,
galopando, destrozando,
las vidas de las familias...
Recuerdo como ocurrió,
que aquel chico se acercó,
su joven dentadura ya hundida,
su turbia mirada perdida,
y en sus manos dos jeringas,
dame todo lo que lleves, dijo,
o te las pincho y la pringas...
Aunque tardó, consiguió reconocerme,
y menos mal que lo hizo,
por qué si no, bien sabe dios,
lo que hubiera llegado a hacerme,
entonces me dijo, vale...
no te pincho, pero te atraco,
que aunque tú no me comprendas,
yo necesito meterme jaco...
Resulta que ese chaval,
era un conocido de toda la vida,
el hijo de los de la casa,
de enfrente de mi portal,
con el que crecí jugando,
al futbol, las chapas y el guá...
Me acuerdo también de dos chicas,
hermanas para más señas,
que eran guapas a rabiar,
que soñaban con sus besos,
todos los chicos del barrio,
porque era gratis soñar,
y como esas dos nenas,
que además de guapas
eran dos hijas muy buenas,
destrozaron su futuro,
cuando ese maldito veneno,
comenzó a violar sus venas...
Llegó de noche y despacio,
y como un ladrón de vidas,
se fue instalado en palacio,
no se hizo prueba, ni ensayo,
se dejó crecer al potro,
hasta que se convirtió en caballo...
El reinado de la droga,
encuentra jovenes súbditos,
mientras a la familia ahoga,
al principio en un mar de placer,
les va dejando mecer,
se los va llevando a lo hondo,
y cuando se quieren dar cuenta,
se están ahogando en el fondo...
El barrio se fue oscureciendo,
uno quedaba perplejo,
viendo como de esos chicos,
no quedaba ni el reflejo,
se apagaron sus colores,
la gente empezó a tener miedo,
de vendedores a usura,
vendiendo a los jóvenes muerte,
ofreciéndoles la más pura...
Todo se fue quedando triste,
todo en tonalidades grises,
y en algunos portales salpicaduras,
de rojo sangre, matices,
era la ley del caballo,
marcando sus directrices...
Todas las calles fueron quedando,
como partes de un gran cuadro,
un gran cuadro estrafalario,
con la muerte, de jinete a los lomos,
de ese caballo en el barrio,
donde ese caballo trota,
lo que pisa lo destroza,
donde ese caballo se mueve,
en esos barrios no sale el sol,
en esos barrios siempre llueve.
Cuanta realidad y cuanta dureza, y cuanta gente cayó.
ResponderEliminarAsí es... Pero viendo lo que vemos, parece que no hemos aprendido nada. Muchas gracias por tu comentario.
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