OJOS DE SERPIENTE
La mayoría de nosotros, por no decir todos, llegada cierta edad, hemos experimentado la pérdida de algún ser querido. Siempre es duro, aunque más si cabe, cuando la persona que se va es relativamente joven y tú aún lo eres más… mi padre no había cumplido los 58 años, cuando partió a volar con sus queridos pájaros y yo con apenas 25, perdí a un padre que por circunstancias no disfruté mucho de niño, pero sí comenzábamos a ser muy amigos y colegas. Va por ti papá… POR ESO ESCRIBÍ…
OJOS DE SERPIENTE
Hace tiempo que se fue
más de la mitad de mi vida,
mucho antes de lo esperado,
y antes de lo deseado,
Pero yo sé dónde está,
donde se habrá acomodado...
Porque yo le siento dentro,
alojado en un rincón,
en mis cajas de memorias,
haciéndose un huequecito,
prudente, como era él,
entre mis vivencias e historias...
Mi padre,
fue un padre normal,
no un padre ejemplar,
de portada de revista,
con hijos en su regazo,
nunca fue el protagonista...
siempre fue actor secundario,
un currante de a diario,
nunca persiguió riquezas,
ni lujos, ni grandes cosas,
si un día estrenaba algo,
lo había comprado su esposa...
Mi padre tenía defectos,
pero nunca fue holgazán,
le dolía el cuerpo en la cama,
lo suyo era madrugar,
trabajos de doce horas
y de regreso una caña en el bar,
comprar tabaco, su quiniela,
cena y volver a empezar...
Veía el hombre y la tierra,
si le dejábamos cambiar de canal,
esa noche había peli,
y no se quejaba el hombre,
se dormiría antes del final,
lo suyo no era quejarse,
era más de soportar...
Mi padre,
que por cierto era tintorero,
le quitaba las manchas,
a algunos trajes viejos,
de vecinos, de amigos, de abuelos,
que vestían trajes muy usados,
trajes llenos de remiendos...
Mi padre,
tenía los dedos sin huellas dactilares,
y las manos muy curtidas, enrojecidas,
los ácidos quemaron su piel...
y uñas fuertemente endurecidas,
tenía ojos de serpiente decían,
con curiosas pintas verdes,
y un precioso color miel...
Mi padre,
que por cierto era pajarero,
llenaba el suelo de plumas,
hacia jaulas, redes y aparejos,
de su rincón de recreo,
traía en la boca el gato,
de premio algún pájaro muerto...
Mi padre tenía,
un andar muy peculiar,
no conocía la prisa,
gustaba de vida tranquila,
nunca fue de hacer el mal,
es el padre que recuerdo
y habrá quien no esté de acuerdo,
es algo que me da igual,
es el recuerdo que guardo,
lo que me queda de él,
mis recuerdos de chaval...
Mi padre se fue muy pronto,
y fui yo, doloroso privilegio,
el último ser querido al que vio,
primero se apagó su voz,
se le fue apagando la vida,
se le fue apagando el color,
se fue reposando en mis brazos,
diciendo adiós al dolor...
Pero se quedó conmigo,
alojado en un rincón,
en mis cajas de memorias,
haciéndose un huequecito,
prudente, como era él,
entre mis vivencias e historias,
La gente que quieres no muere,
tan solo cambia de sitio,
solo cambia de lugar,
mi padre cambió el sillón de casa
por el de la eternidad,
cambió dolor y sufrimiento,
por alas para volar,
no sé si será un ángel,
no era de Dios muy sirviente,
pero no hay otro como él,
con sus alas de ave
y con ojos de serpiente,
tiene un vuelo muy tranquilo,
como su peculiar andar,
y anida en mi corazón,
cuando decide bajar.
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